La arquitectura del centro escolar de Castronuño

En 1931 se estimó que más de la mitad de la población española carecía de conocimientos para poder leer o escribir y un millón y medio de niños y niñas jamás había acudido a la escuela. Con el fin de erradicar el analfabetismo se trató de llevar adelante un ambicioso plan de construcción de escuelas.

Las escuelas públicas de educación primaria en la comunidad de Castilla y León, generalmente son edificios escolares muy semejantes a otros levantados en lugares distantes de la geografía. Esto se debe a que era utilizado el mismo proyecto tipo para construir estos centros escolares.

Este impulso en la construcción de nuevos centros de enseñanza dejó un amplio repertorio de colegios edificados por el mismo patrón, con el ladrillo como base de las edificaciones.

Antonio Flórez Urdapilleta (Vigo, 1877 – Madrid, 1941), fue un arquitecto español conocido por sistematizar el diseño y construcción de grupos escolares a principios del siglo XX, lo que le otorgó la fama de “arquitecto de colegios”.

En 1926, Pedro Sánchez Sepúlveda inició el proyecto del grupo escolar de Castronuño basándose en el modelo de Flórez, pero introduciendo en él algunas alteraciones. Este proyecto es una de las primeras versiones del modelo de Flórez desarrolladas por los arquitectos de la Oficina Técnica para la Construcción de Escuelas por el Estado (OTCE) del Ministerio de Instrucción Pública.

El modelo de Flórez sufría de un exceso de espacios servidores (vestíbulos, galerías y escaleras), frente a los espacios servidos (las aulas) orientados al norte, junto con una altura libre desmesurada de las clases. En la versión que proyectó Pedro Sánchez Sepúlveda se aprecian dos cambios muy significativos: el desplazamiento de los accesos a las fachadas laterales y la estratificación de la separación por sexos (con la consiguiente eliminación de una de las escaleras). En el caso de Castronuño, el grupo escolar disponía de seis secciones, tres para niños y tres para niñas, divididas en dos plantas. Sin embargo, todos estos cambios no suponen ni una reducción de la superficie construida, ni un aumento significativo de locales complementarios. Cuando la separación por sexos se hacía de forma vertical, los edificios eran siempre simétricos.

En Castronuño, Sánchez logró reflejar los grupos escolares de Tembleque (Toledo) y Liria (Valencia). El director de la obra en Castronuño fue Joaquín Muro, quien tuvo que introducir ligeras modificaciones para adaptarlo al fuerte desnivel del solar y a la arquitectura vernácula (mediante la inserción de verdugadas de ladrillo en la fachada). En el año 1928, el arquitecto Joaquín Muro se encontraba al frente de los planes escolares de la Oficina Técnica en Valladolid.

Este colegio cuenta con una superficie construida de 1.248,98 m2, se presupuestó en 287.024 pesetas de la época y el promotor de la obra fue la OTCE. En la información de la oficina del catastro aparece como año de construcción 1928, pero no fue inaugurado hasta abril de 1933.

Carlos Martín Herrero 2020

Author: Castronuño

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