Recuerdos vividos

 

I Concurso de Relatos Breves de la Biblioteca Municipal de Castronuño

Título: Recuerdos vividos

Autor: Oscar Modroño Alonso

Categoría 4 (adultos)

RECUERDOS  VIVIDOS

    Supongamos que esta historia de recuerdos, comienza una noche de verano  tranquila y calurosa. Sentado en el alto del parque del mirador de la muela, oyendo a la chiquillería disfrutando en este bello lugar, mientras se respira el frescor que nos da el río Duero a su paso por Castronuño. Ese que  en mi época infantil, era tristemente la escombrera de todos los habitantes. Ese que corría por su cauce dando  la espalda al pueblo y ahora, pasados los años, por suerte, es un balcón con unas vistas únicas en la que se realizó una obra, adecentando el entorno y construyendo  un parque de juegos.

Y suponiendo todo esto, vayamos a  esos veranos que a mí me traen tan bonitos recuerdos de mi infancia.

Cierro los ojos y rememoro  aquellos años de  cuando era niño, en los que no había nada que más me gustase, que disfrutar de un verano en Castronuño con todos mis amigos que no eran pocos y que hoy  conservo, algo que resulta placentero  en estos días en los que vivimos.

Esas pasadas tardes de piscina; noches de juegos  en las calles  repletas de gente. Calles, en  las que en tiempos de antaño, los vecinos sacaban las sillas y hasta la cena y en unión disfrutábamos de tomar el fresco, pasar las horas riéndonos hasta de nuestra sombra, jugando al escondite, a burro o zapatito ingles sin mover las manos ni los pies… ¿Lo recordáis? Yo sí y me encanta tener esos bonitos recuerdos.

Y como no recordar las tardes antes de que nos instalaran las piscinas municipales, cuando solo teníamos las piscinas de chiripa, donde muchas generaciones aprendieron a nadar con aquellos cursillos intensivos que nos daban.

Y esos domingos en los que, con la tortilla y la fiambrera, bajábamos a la playa en familia —porque aquí tenemos playa, de río, pero la tenemos—.Aquellos chiringuitos de madera donde subías cenado y directo a la bañera a darte un baño para quitarnos ese olor que  nos dejaba el  río; olor que  para nosotros significaba haber pasado un buen día.

Vienen a mí, los  Agostos en los que nos introducíamos, horas y horas, en las naves que nos prestaban. En ellas  construíamos  las carrozas que surgían  de cuentos o de nuestra imaginación. Y el día de la víspera a  las tan deseadas fiestas patronales de San Miguel, paseábamos  las carrozas con una ilusión desmesurada, con la intención de que  el resto de los vecinos  las viesen y comentaran  lo bien o mal que nos habían quedado. Tengo en mi retina alguna que me llegó al alma, como La Reina de las Nieves, La casa de la Pradera o más recientemente La Corte de Versalles y  la última que realizamos, ya en 1997, de Dragqueen.  Han pasado  20 años desde entonces.

Llegaban las fiestas con sus palillos, dianas, encierros, bailes de salón, San Miguelito; día en el que  estrenábamos el traje para ir a tirarnos por el suelo  de  aquel cine de madera, que a mis ojos infantiles, resultaba tan enorme pero tan magnífico. Fiestas en las que se disfrutaba y hoy, pasados los años, seguimos disfrutando a pesar de algunos cambios, como la plaza de toros, aquella plaza de palos en las que pasábamos la tarde.

Una vez terminadas las fiestas, nos metíamos de lleno en el invierno, porque creo yo—y  en esto estaremos todos de acuerdo—, acabado San Miguel el invierno llama a la puerta. Con la llegada de los inviernos, alcanzábamos en el tiempo la fiesta de  Los Santos, en la que nos juntábamos para hacer el chocolate y pasar una buena jornada con los amigos. Hoy en día, no es habitual  el quedar y pasar un buen rato, ahora hay otros acontecimientos en el pueblo que hacen las delicias de los más pequeños, como la noche de Halloween, con actividades para pasar buenos momentos de susto.

Al continuar echando la vista atrás, ya bien entrado el invierno, llegaba la Navidad. Noche Buena, imposible salir a tomar nada por los bares después de la copiosa cena. Si  se te ocurría decir «hemos quedado a tomar algo los de la cuadrilla», madre mía, en casa  ponían el grito en el cielo. « ¿Qué dices? ni de coña sales, hoy es para estar en familia y no se sale».  Ya se van perdiendo esas costumbres tan religiosas. Y se han convertido  en  días para comer y que se pasen pronto, para muchos, son días tristes en los que  falta gente que por desgracia ya no está con nosotros.

Tras la Navidad, nos metíamos con rapidez en el año y llegaba  Febrero con Santa Águeda, San Blas—patrón del pueblo— y los tan esperados carnavales en los que  tomaban protagonismo los bailes de disfraces de la discoteca y  a los que acudían vecinos  de todos los pueblos del entorno reclamados por los sorteos en los que había diferentes premios,  incluso  viajes. Hoy ya esa costumbre se ha  perdido, pero conservamos la de «el  domingo gordo». Era entonces,  cuando  la juventud del pueblo que cumplía en el año la mayoría de edad, celebraba la  puesta de largo y corríamos las cintas, decíamos el verso… Era emocionante  disfrutar ese día. Tradición que por suerte se sigue conmemorando  año tras año con la misma ilusión y por la que tenemos que seguir luchando para que no se pierda; son fiestas con arraigo.

En este momento recuerdo alguna estrofa de mi año.

Al verme en este mi pueblo

siento una gran emoción

Autoridades y público

mi saludo a todos doy.

Auxiliar de administrativo

aunque no administro nada

Si quiere que le administre

le administro lo que haga falta.

Dejemos los versos y sigamos con el viaje en el tiempo.

Llegaba Semana Santa con sus molletes, meriendas y cómo no: el día de campo, en el que se iba a pasar el día: realizábamos esas paellas y barbacoas que tan solo recordar y  se me hace la boca agua.

Luego unos meses más tarde, El Primero de Mayo. Celebración en la que los quintos seguían de fiesta plantando el famoso Mayo y pasando el día en la dehesa con todo el pueblo.

Tras tanta fiesta se hacía un tiempo  de relax hasta el verano, que se iba en un plisplas —dos meses ya me contaran ustedes cómo se pasan—.

Sin embargo recuerdo como año tras año regresaban esas tardes de verano. Aquellas en la que empecé este relato de tiempos  vividos en un pueblo castellano que sigue en pie  gracias a la lucha de sus conciudadanos, aunque pongan piedras en el camino, que las ponen, y no solo las administraciones.

También recuerdo aquellos pregones donde no había población alrededor que tuviese mejor  megafonía. Ibas por el medio de la calle y sonaban  esos pasodobles maravillosos y algunos bailoteábamos con ilusión la música típica, bonita y maravillosa, de las que nos han despojado con tonterías varias, sin pies ni cabeza.

Y con tanto recuerdo, uno más cercano, el verano  de 2016; segundo año que se realizó la representación del sitio de Castronuño, un evento con mayor auge cada día. Durante todo el verano hay que ensayar y prepararlo  para ser el deleite de vecinos y forasteros que vienen a disfrutar.

Y por fin llega Septiembre: San Miguel, 28 de Septiembre de un año ya pasado y que está en mi memoria. Sonaba el despertador, y en ese momento  llego el día vísperas de San Miguel, todo preparado para disfrutar con familia y amigos de unos días estupendos de fiesta y buen tiempo.

Todo un año esperando estas fechas y ese año con más ganas celebramos el aniversario de la peña.  Evento que para mí fue muy importante; nos juntamos  todos  para preparar las actividades  y disfrutar como niños. Mis amigos decían, «todos no vamos a estar, no te hagas ilusiones» y yo, que soy un soñador, esperaba que se equivocaran para poder recordar años pasados.

Ya metidos en fecha, me he puesto a pensar que la verdad es que hay mucha gente que se ha perdido por el camino, siempre vamos dejando  a personas que en algún momento han sido muy importantes en la vida, pero hay que aprender a vivir sin ellas, eso dice siempre mi madre, «hijo tú vive y disfruta, quien te quiere estará a tu lado siempre, y el que no te merezca, pues que se vaya, que saldrás ganando» Y qué razón tienes, madre.

Ya llega a su fin esta crónica inspirada  en años vividos, disfrutados y hoy rememorados.

Deseo que sea   del agrado de los lectores y que en el interior de cada uno se encienda esa nostalgia que nos hace revivir tiempos pasados. Esos son los momentos más bonitos que nos llevamos impresos en nuestras retinas, nuestras mentes y nuestros corazones.

 

Castronuño primavera 2017

Author: Castronuño

Compartir este Post en

Escribir un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *